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30 de marzo de 2015

Debraye Inicial


¡Y la semana comienza así!


El gobierno de Rajoy y los medios de comunicación parecen estar decididos a descomponernos la semana entera, ¿qué digo? Cada segundo hasta que se vayan de Moncloa. 

Las redes sociales  completamente “on fire”, porque comenzamos estos siete días con más putadas que buenas noticias. Ahora que lo pienso... ¿cuáles buenas noticias?

En Facebook y Twitter



La semana pasada, el conductor del programa Las Mañanas de Cuatro, Jesús Cintora, fue despedido de forma fulminante. Mediaset decidió remover de su puesto de trabajo al periodista con el argumento  de que la conducta de Cintora vulneraba las políticas de información de la empresa.
Reconozco que nunca fui seguidora del programa que se encuentra en el mismo horario que otro programa con el mismo perfil en cadena nacional producido por La Sexta y conducido por el director de información de dicha empresa de comunicación, así que no puedo emitir un juicio u opinión a favor o en contra de la decisión tomada por Mediaset. 
Pero en las redes sociales, los seguidores de la formación dirigida por Pablo Iglesias, han estado en cólera y han juzgado el despido de Jesús Cintora como una de las consecuencias de la recién estrenada “Ley mordaza”, que a alguien en el gobierno le estaba resultando incómodo que el periodista hiciera críticas duras y reiteradas a la administración de Rajoy, que con poco disimulo manifestara algún tipo de apoyo a la directiva de Podemos y, a decir de la propia Mediaset, también se habían recibido airadas quejas por parte de los colaboradores de Cintora sobre el maltrato y faltas de respeto que éste les confería. 

Al parecer, el comunicado explicando las razones del despido, encendieron aún más los ánimos en las redes sociales.

Debo decir que como licenciada en comunicación, me resulta difícil de entender ciertas reacciones.  No digo que el despido del ahora ex conductor de Las Mañanas de Cuatro fuese justo, pero hay ciertas actitudes y “cosas” que no se pueden hacer ni decir, y estando las cosas como están en este país con esta legislatura de mayoría absoluta del PP, me parece que el ingenio y el talento de los periodistas y moderadores de programas de opinión como es el caso del programa que dirigía Cintora, se debe afinar al máximo. 
A decir de algunos defensores de Podemos, el despido de Cintora es un atropello de la libertad de expresión, un abuso y una traición contra las libertades de los profesionales de la información.  La cuestión es que dan como buenas algunos datos que son favorables a Podemos, pero cuando la información destiñe o es desfavorecedora para el partido de Iglesias, entonces son calumnias y un uso indecoroso de los medios de comunicación.  
Mediaset acusa a Jesús Cintora de no ajustarse a los criterios de objetividad e imparcialidad que ha de observar todo periodista. Del mismo modo que los profesionales de la información pueden tener y defender una postura ideológica como cualquier otro ciudadano, así mismo, éstas personas han de informar con objetividad, imparcialidad y veracidad, y esto, por si no se entiende con claridad, significa que un periodista no puede sesgar la información, juzgar o elogiar a un personaje, organización o empresa involucrada en una nota informativa. No le corresponde a un conductor de un programa de debate, orientar a la audiencia sobre una u otra parte de los panelistas, tampoco puede favorecer desde su posición a una persona que se encuentre involucrada en un proceso judicial o emitir su opinión a favor de un partido político denostando a los demás. 
Me dijeron que Cintora no hizo eso, sin embargo, evidentemente, sus jefes encontraron motivos legalmente inapelables para separarle de su puesto de trabajo y que el aludido no ha podido desmentir. Y la peor parte de esto es que, a pesar de lo que los que apoyan a Cintora y Podemos digan, lo cierto es que si Cintora no se ha ceñido a las políticas informativas del Grupo Mediaset, ya pueden llorar y patalear, pero es 100% seguro que eso es algo que el periodista sabía y que no se podía permitir el lujo de ignorar, ya que el perfil y estructura de este consorcio transnacional. 
También es cierto, por otra parte, que no es la primera vez que el PP y los miembros del gobierno de Rajoy son acusados de censurar a la prensa y presionar a las cadenas de medios electrónicos cuando el tono de las críticas y el manejo de la información no está en los niveles que a ellos les gusta, es decir, 0. El año pasado le tocó a Javier Moreno, director del diario El País. La redacción interpretó que la medida se tomó por la amistad entre Soraya Sáenz de Santamaría con Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa. Sáenz de Santamaría habría intervenido para ayudar a la refinanciación de la empresa, con más de 3.000 millones de deuda, a cambio de una línea editorial más amable, según el convencimiento de la plantilla. Carlos Cue, también de El País, fue desplazado a Buenos Aires y así, a manera de despedida, la vicepresidenta le dijo en Pleno Consejo de Ministros: "le extrañaremos". 

Otro periodista nominado por el dedo de la gaviota con fondo azul fue el ex director de La Vanguardia, José Antic, ya que el gobierno de Rajoy consideró que el diario estaba tomando una línea “excesivamente proclive a la tesis independentista”.  Otros nominados fueron, Yolanda Alvarez, corresponsal en Israel que se enteró que su empleador ya no le renovaría su contrato porque parecía corresponsal de Hamás, y al inicio de la legislatura, Ana Pastor fue removida con malas formas de su trabajo en TVE. Suerte de ella que no tardó en encontrar trabajo incursionando en CNN, aunque de esta empresa también salió sin mucho ruido para luego entrar con bombo y platillo a La Sexta con un programa en horario “prime time” los domingos. 
Es evidente que los seguidores de Podemos tienen toda la razón en una cuestión: el gobierno de Rajoy mete las manos en las empresas privadas de comunicación para decirle al país entero que mientras ellos gobiernen, hablar mal del PP tiene graves consecuencias. 
¿A quién le tocará después?