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1 de abril de 2015

Santos debrayes!


La semana santa y su inquietante tradición

Pocas cosas me gustaban tanto cuando era niña y estudiante como la Semana Santa. Entendía el significado (más o menos) de la celebración de la muerte y resurrección de un personaje de la religión católica. En aquel entonces, yo creía en Jesús, los reyes magos y toda la corte celestial.
Incluso, recuerdo que en 3er grado de primaria, gané un concurso de poesía dedicado al "niño jesús", todos los alumnos de la primaria podían participar. Además, también recuerdo que en aquellos años de inocencia, luego de hacer la primera comunión, traía la Biblia bajo el brazo para todos lados y la leía con frecuencia. Las monjas, cuando me vieron leer aquel libro con tanta frecuencia y fruición, convocaron a mi mamá a una reunión para decirle que creían que su hija mayor parecía tener vocación religiosa y le ofrecían la oportunidad de inscribirme en el convento de la orden a la que ellas pertenecían. Ahora lo recuerdo como una anécdota muy graciosa, pero la cara de mi mamá al llegar a la casa no tenía nada de divertido. Mi mamá me llevó a su cuarto y me hizo varias preguntas a las que mis respuestas parecieron darle tranquilidad. No recuerdo mis palabras con precisión, esto sucedió hace más de 30 años, pero recuerdo que le dije que me gustaba leer la biblia porque había historias muy emocionantes y algunas otras interesantes. Me preguntó si entendía que significaba la Biblia y no recuerdo mi respuesta, pero sí recuerdo que mi mamá me dijo a continuación que las monjas de la escuela creían que yo quería ser novicia y luego, religiosa como ellas. Me reí mucho y mi mamá rió conmigo, pero lo que pasó después de eso, no nos hizo gracia a ninguna de las dos. El rechazo inamovible de mi madre a ingresar a una hija suya al mundo gris y surrealista del convento enfureció a las monjas, y aunque en ese momento no entendí muy bien por qué se habían enojado tanto, sí que fui consciente de lo rencorosas que podían llegar a ser, pues al poco tiempo de esa reunión con la Madre E. mi mamá me anunció que no me recibirían en el colegio para el siguiente año y que estaba buscando un espacio en otra escuela.

 
Pues bien, volviendo al tema, yo tenía conocimiento sobre los evangelios, lo que habían sido los últimos años de Jesús como hombre en este mundo, su detención por parte de los romanos, la tortura, vejaciones, y finalmente, la crucifixión. En la mente de un niño estas imágenes son demasiado graves y violentas, pero al ser algo que había sucedido mucho, muchísimo antes de que yo naciera, su impacto y afectación se diluía en mi mente a través de un tiempo que yo no era capaz de medir.
En mi ciudad, a pesar de que la población es sumamente creyente y ferviente, que no piadosa - todo hay que decirlo - no recuerdo haber visto mucho revuelo por la festividad de la semana santa como sucede en otras ciudades del estado, del Df y del resto del país.
Dado que me dan muy mal rollo las procesiones con toda esa gente vestida como el KKK, y que no me entraba en la cabeza el frenesí de las celebraciones en España, particularmente en Andalucía, con toda la parafernalia de los capuchones, las cofradías, las hermandades, las peinetas, el luto ( no, de verdad, me resulta morboso y macabro), pues me puse a investigar de donde venía todo este rollo, si no son fanáticos, ¿por qué lo parecen?
¿Cómo es que las cofradías en España han alcanzado tanta fuerza y manejan tanto dinero?


Según un texto que encontré, las primeras referencias al concepto de "cofradía" datan del s. XI. En aquellos tiempos existían agrupaciones cuyos propósitos y actividades pueden describir lo que ahora se conoce como "cofradías gremiales", es decir, en el ámbito hispánico, vinieron a identificar en círculos cerrados a los miembros de un mismo oficio o profesión (pescadores, herreros, porqueros, albañiles, etc). Según el autor del texto, estas cofradías gremiales se fundaron gracias al impulso de personas particulares, grupos sensibilizados por la profesión.. algo así como un sindicato pero sin fines de lucro sino de apoyo y cooperación entre los mismos. Esto hasta el s. XV en el que las cofradías cobraron una nueva dimensión social, económica y esencialmente religiosa. Se sabe que en aquellos años, aparecieron las cofradías de Pasión también llamadas de Penitencia con las que se identifican las que actualmente se integran en Semana Santa, dirigiendo su objeto devocionario a imágenes con nombres "pasionistas", cristeras y   de vírgenes. Como es normal y natural, con el tiempo, estas cofradías fueron incorporando fines a su propósito original, como el entierro de muertos, asistencia específica a los cofrades enfermos, construcción de hospitales, atención a presos y viudas, evangelizar a los conversos. entre otras actividades que era mayor o menor en función de la capacidad económica y siempre desde el seno de los recursos procedentes de sus propios hermanos.
Era tal la efervescencia social y religiosa de las cofradías a partir de la segunda mitad del siglo xv y comienzos del XVI por toda la geografía hispana que su modo de organización interna comenzó a tener cierta sistemática: se estipularon sus sedes, sus advocaciones, sus fines religiosos, su estructura funcional, su régimen económico, los cargos de gobierno y sus competencias, el origen de sus miembros, y todo ello contemplado en las reglas fundacionales que eran, en definitiva, el corpus normativo que le confería entidad institucional civil y jurídica a estas asociaciones de carácter religioso.

Los primeros lustros del s. XVI vieron la incorporación de la tradición de procesionar sus imágenes rituales y de devoción durante la Semana Santa, e integraron también títulos y nominaciones pasionistas en sus advocaciones. Así, la procesión se convirtió en estación de penitencia de los hermanos que integraban el cortejo. Ya entonces fue que se sumaron numerosos elementos como los flagelantes (o "hermanos de sangre") y fieles encadenados o portando pesadas cruces a lo largo del recorrido. Estas modificaciones en las procesiones fueron bien recibidas por las autoridades eclesiásticas de la época, dado que así las cofradías colaboraban en el combate de las pujantes corrientes heterodoxas, el protestantismo y asumieron que que las hermandades y cofradías se adaptarían satisfactoriamente a este propósito con el culto externo y la catequesis pública.

El movimiento procesionista fue arropado desde el punto de vista artístico por el Barroco a partir del s. XVII que identificó esta corriente art´stica como un instrumento muy apropiado en momentos "trentinos" al otorgar la suntuosidad a sus desfiles y el ornato adecuado a dicha catequesis pública en este mismo siglo en lo referido a los elementos ostentosos y ampulosos de su escenificación procesionista con la incorporación de todo tipo de insignias, estándares y guiones con significados marcados que perduran hasta nuestros días.

Ora bien, por otra parte está el aspecto. Reconozco que me cuesta mucho trabajo encontrarle el atractivo turístico a la estampa que las procesiones dan. Esos gorros puntiagudos que también usaban los miembros del KKK. Resulta pues que el capirote o capuchón proviene de algo tan sórdido y macabro como el impacto visual que tienen las cofradías que procesan, y es que su origen está en los comienzos de la Inquisición, y no en los oficiales inquisidores, sino en las personas que estaban castigadas pro motivos religiosos se les imponía la obligación de usar una prenda de tela que les cubriera el pecho y la espalda y un cucurucho de cartón en señal de penitencia. Durante los juicios del tribunal inquisidor a muchos de los penitenciados se les imponía el uso de una prenda llamada sambenito y el cucurucho que tenía que llevar colocado encima de la cabeza en señal de la penitencia que les había sido impuesta. Por transposición del significado penitencial del capirote, fue adoptado por algunas cofradías de Semana Santa y aún por instituciones y cofradías que desarrollan sus actos en otras fechas del calendario litúrgico.
Un caso de este segundo aspecto es la llamada procesión de la Lagaña, de Vilalba dels Arcs (Tarragona), en la que varios de los que toman parte en ella salen a recibir a los peregrinos que vuelven de la ermita de Santa María Magdalena de Berrus, vestidos de riguroso negro y cubiertos con capirote del mismo color.

Para terminar mi reflexión sobre estos rituales - tradiciones religiosos, confieso que el trasfondo psicológico de estas costumbres me generan inquietud porque hay un clima de fanatismo que parece extenderse desde los participantes hasta los que asisten a este desfile de cofradías y hermandades (que ya tienen una connotación negativa y atemorizante) cuyos rostros recuerdan a esas películas de sectas religiosas que hacen cosas terribles y comparten secretos igualmente aterradores. Si, es cierto, es una percepción completamente personal, y reconozco también que en algunas ocasiones me han causado pesadillas. Me cuesta mucho trabajo entender y mirar estas costumbres como parte de la cultura de un pueblo, pero dadas las circunstancias y el poder que el clero tiene en este país y en muchos otros del mundo, me he de resignar y tolerar su persistencia a pesar de mis propias impresiones.

Pues nada, me quedo con mis recuerdos de la infancia y la época de estudiante en la que la Semana Santa no significaba otra cosa que días de playa, mar, sol y risas con familia y amigos y así, el verdadero significado de estas fechas queda en un espacio brumoso y muy recóndito de mi consciencia.

¡ Gracias por leerme y espero sus comentarios con mucha ilusión!